Son cinco comidas de cada siete. Lo que hagas de lunes a viernes al mediodía pesa mucho más que lo que hagas un sábado por la noche.
Se le da muchas vueltas a la cena del sábado y muy pocas a la comida del martes. Y el martes se repite cincuenta veces al año.
La buena noticia es que la comida del trabajo es la más fácil de resolver, precisamente porque se repite: una vez que la tienes montada, ya no hay que volver a pensarla.
Si vienes del artículo de cocinar una vez para toda la semana, esto ya está medio hecho: es coger componentes y montar. La fórmula que funciona:
La mitad del túper
La otra mitad
Tres consejos de los que se aprenden a base de comer túpers tristes: el aliño va aparte y se echa al momento; lo que se come frío (ensaladas de legumbre, de pasta, de arroz) evita la cola del microondas; y si vas a llevar lo mismo dos días, cambia la salsa y parecerá otra cosa.
Suele haber más margen del que parece. Mira el mostrador entero antes de coger la bandeja, no según avanzas. Y luego lo de siempre: primero de verdura o legumbre, segundo a la plancha o al horno, guarnición cambiada si se puede, fruta.
Si el comedor es limitado, una solución intermedia que funciona muy bien: coge allí el segundo y llévate tú la guarnición. Un táper pequeño con ensalada o verdura ya preparada resuelve el plato sin cocinar nada.
La máquina no es el problema. El problema es llegar a ella con hambre de verdad porque has desayunado poco o nada.
La forma de ganarle es no llegar: ten tu propio picoteo en el cajón. Frutos secos, fruta, un yogur si hay nevera, tortitas de maíz. Cuesta cinco minutos a la semana y quita la decisión de en medio.
Y si en tu trabajo la costumbre es bajar a por café y bollo con los compañeros, no dejes de bajar. Baja y toma café. La parte social es la que hace que el hábito sea sostenible; el bollo es opcional y nadie se va a fijar.
Lleva la verdura. Es lo único que casi nunca hay en el trabajo, lo que más sacia y lo más fácil de meter en una bolsa. Una ensalada lavada el domingo cubre la semana.
La razón por la que el táper se abandona casi nunca es nutricional: es que exige decidir. Y decidir un domingo por la noche lo que te apetecerá el jueves es imposible.
Se arregla con una fórmula fija de cuatro casillas. No decides el plato: rellenas las casillas con lo que tengas.
| Casilla | Cuánto | Ejemplos |
|---|---|---|
| Verdura | La mitad del táper | Asada, salteada, en ensalada, congelada salteada, cruda en bastones |
| Proteína | Un cuarto | Pollo, atún, huevo cocido, legumbre, pavo, queso fresco, tofu |
| Hidrato | Un cuarto | Arroz, pasta, patata, quinoa, pan, cuscús |
| Grasa y sabor | Un chorro, un puñado | Aceite de oliva, aguacate, frutos secos, aceitunas, semillas |
Rellenar cuatro casillas se hace en dos minutos y sin pensar. Elegir un plato lleva quince y a veces no llega a hacerse.
Y un detalle que decide si el táper se come a gusto o con resignación: la textura importa tanto como el contenido. Lo crujiente aparte de lo húmedo, el aliño en un botecito, la ensalada sin aliñar hasta el momento. Un táper mezclado desde la noche anterior llega blando, y lo blando desanima.
Mucha gente no lleva comida porque en su sitio no hay microondas, o hay uno y una cola de veinte minutos. Estos cinco se comen fríos o del tiempo y son platos de verdad, no un apaño:
Garbanzos o alubias, tomate, pepino, cebolla, atún o huevo, aceite y vinagre. Aguanta perfectamente y está mejor al día siguiente.
Pasta o arroz cocido, verdura asada fría, pollo o atún, aceitunas, un buen aceite.
Pan decente, lomo o pavo o atún o tortilla, tomate, lechuga, aceite. Nada que ver con el bocadillo de máquina.
Hummus o queso fresco, pollo, verdura en tiras. Se come con una mano.
Huevos cocidos, tomates cherry, zanahoria, queso, frutos secos, fruta. Suena a poca cosa y es una comida completa.
Todo lo anterior da por hecho un horario de oficina, y mucha gente no lo tiene. Con turnos rotativos, guardias o jornadas partidas, el consejo estándar no sirve.
Lo que sí se sostiene cuando el horario no se puede elegir:
Si trabajas a turnos, esto es de las cosas que más sentido tiene ajustar en consulta con tu horario real delante: no hay una respuesta general que valga para todos los turnos.
«¿Cuándo preparo el táper, por la noche o por la mañana?»
La noche anterior gana casi siempre, porque por la mañana no hay tiempo ni ganas. Y si cocinas de más en la cena, el táper se hace solo mientras recoges.
«Se me olvida sacarlo de la nevera.»
Al lado de las llaves, o la bolsa preparada en la puerta. Suena tonto y resuelve el problema, que no es de memoria sino de sitio.
«En mi oficina se pica todo el rato: cumpleaños, dulces, bandejas.»
Es el factor más subestimado de todos. Dos cosas ayudan: no comer de pie junto a la bandeja —lo que se come de pie no se registra— y tener algo tuyo a mano para media mañana, porque el picoteo de oficina se acepta sobre todo cuando hay hambre.
«¿El café de media mañana cuenta?»
El café solo, no. El café con leche entera, azúcar y algo dulce al lado, dos o tres veces al día, sí suma y no lo tiene en cuenta casi nadie.
«No tengo nevera en el trabajo.»
Una bolsa isotérmica con un acumulador de frío cuesta poco y resuelve el día entero. Con eso, todos los táperes de arriba valen.