Es la etapa en la que más se crece y en la que más frágil es la relación con el cuerpo. Lo que se hace en casa cuenta mucho, y lo que se dice cuenta todavía más.
No se pone a dieta a un adolescente por cuenta propia. Están creciendo, y restringir en esta etapa puede afectar al crecimiento, al rendimiento y —esto es lo que más pesa a largo plazo— a su relación con la comida durante muchos años.
Si hay una preocupación real de salud, se consulta con su pediatra o su médico. No se improvisa en casa.
La idea de fondo es que un adolescente come lo que hay, a la hora que se come, y aprende de lo que ve. Casi todo lo que puedes hacer es ambiental, no verbal:
Lo que suele decirse
Lo que funciona mejor
Ojo con esto último, que se escapa mucho: quejarte de tu propio cuerpo delante de tu hijo o tu hija enseña más que cualquier consejo que le des. Aprenden el tono con el que uno se habla a sí mismo.
Si aparecen señales como saltarse comidas de forma sistemática, comer a escondidas, ir al baño justo después de comer, un interés muy intenso y repentino por las calorías o el peso, ejercicio compulsivo, o retirarse de las comidas familiares, eso se consulta cuanto antes con un profesional sanitario. En trastornos de la conducta alimentaria, cuanto antes se interviene, mejor. No es alarmismo: es que aquí el tiempo cuenta.
Antes de decidir qué hacer, ayuda saber por qué un adolescente come como come. Muchas cosas que parecen desafío o desidia son fisiología.
Ese último punto es el que obliga a andar con cuidado en todo lo demás. En esta etapa se forma la relación con el propio cuerpo y con la comida, y esa relación dura décadas. Por eso aquí, más que en ningún otro artículo de la serie, cómo se dicen las cosas importa tanto como qué se dice.
No se puede controlar lo que come fuera, y el intento acaba mal. Lo que sí se puede es hacer que en casa lo fácil sea lo bueno.
| Situación | Lo que funciona |
|---|---|
| Llega del instituto con hambre voraz | Que haya algo listo y a la vista: fruta cortada, yogures, frutos secos, pan y algo para poner encima, huevos cocidos. Si lo primero que ve es un táper de fruta, come fruta |
| No desayuna | No forzar. Ofrecer algo rápido y que se pueda llevar, y asegurar un buen almuerzo a media mañana |
| Cena delante de una pantalla | Pelear por la cena en la mesa, aunque sean tres días de siete. La cena juntos es de lo que más protege en esta edad, y no por lo que se come |
| Solo quiere ultraprocesados | Que no sean la opción por defecto en casa, sin prohibirlos ni convertirlos en tema. Lo prohibido gana valor |
| Bebidas azucaradas a diario | Que en casa el agua sea lo normal. Es el cambio con más efecto y el que menos discusión genera si no se anuncia |
| Deporte de competición | Aquí hay que asegurar que come suficiente, que es el problema real y no el contrario. Un adolescente que entrena mucho y come poco es motivo de consulta |
La idea de fondo: se cambia la casa, no a la persona. Discutir cada comida desgasta la relación y no cambia nada. Cambiar lo que hay en la nevera no se discute con nadie.
Hay algo que sus padres no vivieron: tienen acceso permanente a contenido sobre cuerpos y dietas, hecho por gente sin ninguna formación y con muchísimo alcance. Ayunos, retos, suplementos, listas de alimentos prohibidos, cuerpos filtrados.
Prohibir el móvil no funciona. Lo que sí:
Y si te pide hacer dieta: es una buena oportunidad, no un problema, siempre que se canalice bien. Ir a una consulta a que un profesional lo valore es mucho mejor que buscarlo por su cuenta en internet, que es exactamente lo que va a pasar si en casa se le dice que no.
«¿Le pongo a dieta?»
En un adolescente que está creciendo, las restricciones por cuenta propia son mala idea y pueden interferir con el crecimiento. Si hay una preocupación real de salud, se valora con el pediatra o el médico y se trabaja con un profesional, normalmente sin hablar de dietas y sí de hábitos de toda la familia.
«Come muchísimo, ¿es normal?»
Durante el estirón, sí, y bastante más de lo que a los adultos les parece razonable. Lo que se mira no es la cantidad, es qué hay disponible para comer.
«Se ha hecho vegetariano de un día para otro.»
Es frecuente y se puede llevar perfectamente bien, pero conviene una revisión: hierro, B12, proteína y calcio son los puntos a cuidar. Merece la pena tratarlo con respeto y no como una fase, porque el enfrentamiento no lleva a ningún sitio.
«Ha empezado a ir al gimnasio y quiere proteína en polvo.»
La proteína en polvo no es más que una forma cómoda de tomar proteína, y a esa edad suele salir sobrando si come bien. Lo que sí hay que mirar de cerca son otros productos que circulan por los gimnasios, y ahí conviene hablarlo abiertamente.
«¿Y si sospecho algo más serio?»
No esperes. La sección anterior lo dice: señales como saltarse comidas de forma sistemática, comer a escondidas, ir al baño justo después de comer, rituales con la comida, ejercicio compulsivo o un cambio brusco de carácter alrededor de la comida son motivo de consulta ya, sin esperar a estar seguro. En estos casos la rapidez cambia el pronóstico, y equivocarse por consultar de más no tiene ningún coste.